20/1/10

El camino de la creación

Aquí os dejo este texto que ha escrito mi hermano Fernando, quien publico el libro de Estrella y el olvido y hace las críticas de mi fansite sobre Victoria Francés. Este texto habla sobre como él me ha visto crecer con el paso de los años y por que soy quien soy desde su punto de vista.

He aprovechado para añadir una de mis fotos favoritas, aunque no se vea especialmente bien; en la playa al lado de mi hermano Fer ^^.

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María Sanz León nació una tarde de veintitrés de Junio, día en el que la luz del sol ocupa el azul del cielo por más tiempo, y la noche es la noche más breve de las noches, conocida y celebrada como noche mágica en la que encender hogueras en todas las ciudades y playas, en honor de San Juan. Quizás por eso sus ojos guarden el azul y la luz del cielo y su corazón el fuego y la magia de tal noche. No hubo día más apropiado para el nacimiento de otra persona, ni persona más apropiada para nacer tal día, no en vano es el comienzo del verano y el crecer de la oscuridad en las noches con el paso de los días. Y María ama la luz y disfruta de toda oscuridad.

Todavía sin uso de razón, se dedicaba a pintar las paredes de la casa con bolígrafos y rotuladores, haciendo garabatos en ellas que nadie podía descifrar, y en los que sin embargo encontraba un consuelo para sus ya incipientes anhelos creativos. A la par de su afán por dejarlo todo lleno de colores verdes, azules y negros, se encerraba en María la necesidad de acaparar todo objeto en un cajón en el que cabía ella misma en el mueble del salón. De modo que aún sin poder hablar, había que pedirle permiso para poder encontrar las llaves de casa, el mando de la televisión o la última revista, que ella te dispensaba a cambio de la pertinente pregunta, que nadie imaginaba como ella era capaz de comprender.

Nunca le gustó verse sola o encerrada, tanto era así que si el sueño no la vencía en la habitación, se escapaba escalando su cuna y aparecía gateando por el salón, buscando la luz y la compañía de la gente que hubiera en casa, o incluso escondiéndose debajo de tal o cual cama, según su parecer, a sabiendas de que toda la casa estaba buscándola. Apareciendo con una socarrona sonrisa de bebé, que era imposible no deshacer con besos, por mucho que la desesperación de sus padres y hermanos mereciera otras recompensas que aquellos besos.

María no lloraba, gruñía, no conocía tranquilidad ni sosiego, lo que llevó a su cuerpo a aprender a caminar, o más que a caminar a correr, a la edad de nueve meses, y a su voz a aprender a hablar algo antes de los dos años. Desde muy pequeña ha sido una persona esclava de sus gustos y sus aficiones, tanto es así, que su primera palabra no fue Papá, ni Mamá, si no el nombre de un conocido personaje de televisión que protagonizaba un concurso: Hugo. En el entendimiento de entonces de María: “Ubo”. Programa que era de obligado visionado familiar, fuera lo que fuese que echasen por la televisión.

Otras de las pasiones de tan especial persona, ha sido y es, y me atrevo a decir que será, el coleccionismo. Todo tiene su origen en casualidades y costumbres inconscientes de su infinita sensibilidad. María, cuando todavía era un bebé de apenas año y medio, era capaz de visionar al día siete u ocho películas animadas de Disney, que aprendió a empujar, rebobinar y a sacar del vídeo sin necesidad de adultos. De modo, que al comprender tal afición, la casa se fue se llenando de las mismas, semana tras semana. El problema vino cuando en una calle de su amadísima Alcalá de Henares, en uno de los paseos dominicales que realizaba con su padre y su hermano, encontró que existían figuras que representaban a esos personajes de sus películas, y que con ayuda de su padre, las mismas figuras que había en las vitrinas acababan en su cuarto. Y era extraño ver como la niña no jugaba con ellas, sino que las iba colocando por temáticas que iban cambiando de parecer a lo largo de los meses. Un mes se veían todas las princesas juntas, al otro mes se veían a los buenos contra los malos, al siguiente eran todos ordenados por películas.

María aparte acumuladora, coleccionista, pintora de paredes y niña incansable, nunca dejó que nadie la vistiera si lo que le iban a poner no le gustaba, hasta el punto de elegir siempre su propia ropa, que solía ser siempre la misma sudadera azul o el mismo vestido rojo, así como era imposible realizarle otro peinado que el que su voluntad le diera a entender. Uno de los recuerdos más hermosos que guardo de su infancia, es verla caminar con un abrigo rojo y un gorrito a juego, a modo de princesa Anastasia.

Aunque fue una niña que tuvo cientos de juguetes, miles me atrevo a decir, siempre jugaba con una vieja muñeca rellena de algodón, a la que se bautizó como “Pelona”, pues era calva como una bombilla, y para María aquella muñeca lo era todo. Estuvo en todos sitios con ella, llevándola a todas partes. Tanto era así, que un día se le cayó por la ventanilla del coche regresando a casa, y la muñeca tuvo que regresar atropellada al hogar, cuando cualquier otra niña hubiera dado por imposible el retorno, y hubiera preferido comprarse otra. Realmente costó encontrarla, pero no logro olvidar aquel llanto sincero, y los gritos para convencernos a todos de que volviéramos a por tan preciado tesoro de tela, plástico desteñido y ojos repintados.

Todo esto, bien mirado, son indicios de lo que ha venido después y de lo que seguirá llegando. María tiene un modo especial de ver la vida, uno propio y lejano de cualquier convención que no sea de su agrado, y que no encierre algo de valor para ella. Si algo le gusta, luchará por conseguirlo le pese a quien pese y cueste lo que cueste. Su tenacidad y constancia en aquello que encuentra importante está por encima de lo humano. Quizás sea ese el verdadero alma de un artista, el que no deja de buscar a lo largo del tiempo en aquello que le gusta su propia mirada, y la pone a descubierto delante del resto, demostrando que ha hecho posible de su vida lo que los demás consideraban sueños o locuras, o pérdidas de tiempo.

De la María actual, sólo puedo decir que es la misma persona de siempre. Que sigue pintando, dibujando, coleccionando muñecas, música de cualquier género que le llame la atención a su sensibilidad, que hace fotos donde intenta encontrar una estética propia acumulando todo lo que ha visto antes, y lo que se imagina que podría ser mejor, y en esa distancia de su imaginación con el resto de las cosas no hay límites, como en todo arte que se precie de serlo. El único límite que tiene María es su propia vida, vida que está entregando a sus pasiones, equivocándose o no, pero al menos eligiendo conscientemente un camino a seguir. El camino de la creación, y tenerlo tan claro con tan poca edad, diecisiete años, es tener muchísimo camino recorrido.

Sólo espero que nada ni nadie hagan que cambie, y que encuentre en este mundo un sitio para todos los mundos que lleva dentro. No hay nada más difícil en esta vida que poder ser nosotros mismos en cualquier lugar.

Aquí están sus trabajos, y en todos ellos lo más preciado que tiene una persona, sus sueños.



Fernando José Palacios León
Braunschweig, 20 de Enero de 2010

¡Mil Gracias Fer! Me ha hecho muchísima ilusión ^__^, María S.

2 comentarios:

jaime palau dijo...

dios mio, k bonito!! esto es un regalazo! debes de ser algien muy especial (segun el texto), para mi seria un honor conocerte, ya te lo dije...asi poder compartir sueños y mundos, k bonito!!, me he emocionado Maria!! k preciosidad!! no pares de crear mundos y ser feliz, persige tus sueños y hazlos realidad...

....k preciosidad....

El Inmortal Caballero de la Noche dijo...

Es bello lo que escribe un placer haber pasado a conocer un mundo que compartes, espero poder seguir viendo ya sea tus obras y textos suerte