7/5/10

Veinticinco años de milagros a diario

Hoy, gracias y en nombre de mi hermano Fernando he podido leer un texto que ha escrito personalmente, por y para los 25 años que cumplía nuestro colegio.

Cuando he entrado en mi antiguo colegio ha sido como volver atrás en el tiempo... solo que, todo me parecía mas pequeño. He sentido una opresión en el pecho al caminar por sus pasillos y entrar en sus aulas, pisar una vez mas el patio del recreo y hablar con mis antiguos profesores.

Me he reído, alegrado y sentido una tristeza muy profunda por lo que jamas volveré a vivir y me alegro de haber vivido. Pues soy quien soy por a ver ido allí y pase los mejores años de mi vida entre esas aulas.

La infancia, es algo maravilloso y lo malo de esto, es que no nos damos cuenta hasta que crecemos. Jamas pensé que diría esto pero... Me encantaría dar clase una vez mas en mi cole, volver al pasado y estar con mis amigos y compañeros, viviendo un día normal de aquella época.

Ese si que es un sueño inalcanzable, y por ello de lo único que me arrepiento, es de no darme cuenta lo que estaba viviendo en aquellos momentos, que por fortuna, me acompañaran el resto de mi vida.

Un sueño inalcanzable, que hoy he hecho posible gracias a mi hermano Fernando. Pues a través de sus palabras, ha hecho posible lo imposible, que es volver atrás en el tiempo.

Os dejo el texto que he leído en nombre de dos de mis tres hermanos (Alex y Fernando), que como yo, fueron a el Cristobal Colon, nuestro colegio...
Veinticinco años de milagros a diario

Han pasado veinticinco años desde la primera clase que se impartiera entre las paredes de este edificio. Veinticinco años desde que se abrieran las puertas por primera vez y sonase la sirena, veinticinco años de filas, de madrugones, de miradas en la pizarra, de cuadernos, de deberes, de recreos en el patio, veinticinco años de milagros diarios. Porque la enseñanza pública, gratuita y de integración es un milagro, una quimera, un sueño, una idea como la que empujó a nuestro patrón, patrón de carne y hueso sin alas ni aureola, Cristóbal Colón, a luchar por lo que sospechaba su pensamiento y anhelaba su imaginación, un nuevo camino, una nueva ruta que le llevó a descubrir un nuevo mundo, un solo hombre que cambió con su mirada el destino de toda la humanidad. ¡Qué mejor nombre para un colegio!

Me gustaría dedicar estas palabras a todas y cada una de las personas que han hecho posible cada segundo de estos veinticinco años, a cada madre y padre que ha solicitado plaza en este colegio, a cada niño y cada niña que ha asistido a las clases, a cada profesor que decidió ser profesor y serlo en este centro, a las señoras de la limpieza, a la asociación de padres de alumnos, a los vecinos que han soportado y soportan la algarabía de los recreos, pues sin saberlo habéis formado parte y formáis parte de la utopía más maravillosa de la sociedad de nuestro tiempo haciéndola posible: La enseñanza igualitaria.

En el colegio no sólo se enseña a leer y a escribir, a sumar y a restar, inglés o ciencias naturales. En el colegio se enseña a sentir, a ver el mundo, a respetar y a admirar lo propio y lo ajeno, a dejar volar la imaginación, a dudar, a buscar respuestas y encontrar más preguntas, a convivir con los demás, a tener el derecho a equivocarnos y rectificar, a escuchar a los demás, a pensar antes de hablar, a ser conscientes del mundo que nos rodea, en definitiva, a ser personas, que es la más complicada de las lecciones.

En mi caso personal guardo un profundo agradecimiento a esta institución y a todos los organismos que la hacen y la han hecho posible y a cada céntimo que se ha destinado y se destina de los impuestos a la educación pública, no sé qué habría sido de mí y de mi familia en determinados momentos, si no hubiera existido la voluntad y el empeño por una enseñanza pública de calidad, pues hubo, hay y habrá muchos niños y niñas que jamás hubiéramos podido costearnos un colegio privado, y habríamos estado en desigualdad de oportunidades respecto a los hijos de aquellos que tenían mejores posibilidades económicas, pagando por su educación, por sus uniformes, por los autobuses que los pasaban a buscar cerca de casa…

Guardo además infinidad de recuerdos y buenos momentos especiales de mi colegio, tantos que todavía sigo soñando muchos años después que vuelvo a ir a él, y sueño con la voz de mis profesores y mis profesoras, con sus rostros y los de mis compañeros eternamente iguales que la primera vez que los vi, con las tardes que nos llevaban a la piscina cubierta a hacer natación, con los entrenamientos de fútbol, con el año en que ganamos todos los torneos con el equipo del colegio del que yo era portero, con el día que pintaron las porterías y nos dieron uniformes nuevos, con el momento de volver a casa con las medallas al cuello, con las ganas de salir al recreo, con los días de las notas, con los días de la fiesta del colegio en Junio, con ir a sacar punta a la papelera, con los dos grifos de agua fría a cada lado de la puerta donde se guardaban los balones de gimnasia, con la primera vez que leí a Bécquer, con la pequeña biblioteca a la derecha de la entrada de la que sacaba libros en las horas de lectura (la mejor asignatura que jamás he tenido) cada semana para leerlos en casa, con las fichas de préstamo, con las excursiones, con la vez que nos llevaron al teatro por primera vez, con los certámenes de dibujo en los que siempre perdía, con los certámenes literarios en los que siempre ganaba, con el día de la paz, con los días de carnaval, con los disfraces, con el día que nos vino a dar una charla un hombre en silla de ruedas que había tenido un accidente de coche para enseñarnos seguridad vial, con las horas en que tomábamos enjuagues de flúor rosa por las mañanas, con su sabor inolvidable, con el olor de los libros nuevos en septiembre, con mirar los últimos temas a los que nunca llegaríamos en clase, con el día en que vino a visitarnos la autora de El largo verano de Eugenia Mestre, con el día en que nos midieron y yo medía 1,29, con el día que nació mi hermana y falté a recoger las notas, con las horas en el aula de informática porque yo no tenía ordenador con Windows en casa, con los días que nos saltábamos la valla para ir a jugar por las tardes al fútbol dentro del patio, con ver fumar a los demás los primeros cigarros infantiles en la parte de atrás del colegio antes de entrar por la tarde (creo que ya es hora de que pueda chivarme), con los días de lluvia en que nos quedábamos jugando al Memory dentro de clase y hacíamos gimnasia en el gimnasio, con los abrigos colgados en el perchero, con el hombre que repartía cromos gratis por arte de magia desde la acera un recreo al año, con el hombre que vendía palidú y su cesta de fruta verde atada a un vespino naranja los martes por la mañana a la salida, con los carros de la compra de las madres en la puerta, con la chica de gafas que vino a hacer las prácticas de magisterio al colegio y a nuestra clase, con el cemento gris del patio, con la arena de detrás de la portería donde miraba al resto jugar a las chapas, con el día que hubo un aviso de bomba y nos sacaron a todos de clase, con el día que nos hicieron una foto de grupo en quinto, con la imagen de los tejados, la ropa tendida en los balcones y el ruido de la calle al otro lado de las ventanas los días de cielo azul, mientras la profesora escribía algo en la pizarra…

Cristóbal Colón, colegio mío, sólo puedo estarte agradecido y desearte que jamás te rindas, y que sigas creyendo en todos los niños y niñas que habitan cada día tus aulas, y queriéndolos por igual sin importar quién sean y de dónde vengan sus padres, pues el que es alumno tuyo una vez, lo es para siempre del mundo. Y aprender, ya lo decía mi profesor Arturo de sus abejas, es una tarea preciosa e interminable.

Fernando José Palacios León,
Braunschweig 6 de Mayo del 2010
Lo he leído con toda mi alma y estaba tan nerviosa que me he hecho daño en los tendones de la mano... Ademas a todo el mundo, le ha encantado el texto y no es para menos...
La gente decía cosas como: "¡que recuerdos!" o se abrazaban en silencio llorando, algunas madres hacían comentarios sobre lo bonito que era y la razón que tenían esas palabras. Había personas con 30 años con 15 con 20, 17... y todos nos sentíamos identificados.

Maribi, la directora, se emocionaba a mi lado y cuando he terminado de leer, me he abrazado a ella y a Lola, otra antigua profesora que adoraba y adoro y cuando he ido con mi padre, han aplaudido de nuevo... y no he podido evitar romper a llorar, llevaba todo el día conteniendo las lagrimas, pero finalmente me ha sido imposible aguantar.

Gracias a Moises, por permitirme leer y por sus abrazos de consuelo, que me aliviaron mucho y también a ti Fer, que se que estas leyendo esto, por dejarme leer un texto que guarda una gran parte de nuestra infancia y de lo que somos, por hacerme la persona mas feliz del mundo por un día, pues he podido volver a sentirme como cuando era niña a través de tus palabras.
He podido volver atrás en el tiempo unos instantes y llorar de felicidad.

En esos momentos, tan solo me faltabas tu.

  • Fotos de nuestro Cole:


  • Yo con los los profesores (Lola, Moises & Maribi):


  • Algunas fotos mías y de primer barrio, cuando he ido a desahogarme XD:


Gracias por hacerme soñar despierta.

Maria Sanz León.

2 comentarios:

FJ dijo...

Hola, María,
muchas gracias por haberte molestado en ir a leerlo, y hacerme presente a través de tu voz.
Gracias también por la llamada de ayer.
El mero hecho de que alguien se haya visto reflejado en esas palabras y haya logrado evocar algo que ya estaba en ellos, o incluso llorar, me conmueve profundamente, siento hasta pudor...
Sobre todo me alegro de que para ti fuera un momento emotivo.
No sabía lo de Arturo... (Vaya faena, se van siempre los mejores primero)
Lo dicho, gracias por ir y por leer y por las fotos.
Espero que sirva un poquito de consuelo, sé lo importante que era para ti ir al festival del cómic de Barcelona.
Un abrazo,
Fer

Jorge dijo...

Ya te lo he dicho,un texto muy bonito,sobretodo el párrafo qe te he puesto por el tuenti,es el que mas me ha gustado.
=)